martes, agosto 03, 2010

Los Habitantes del Sol

La gente común y corriente cree que el Sol es una bola de fuego incandescente y ese concepto está equivocado, es falso, esa es una forma de pensar completamente medieval. En la Edad Media se creía que ese astro que nos ilumina era una bola de fuego. Es un modo de pensar equivocado de la gente, pero qué vamos a hacer, así es la humanidad.

Por ahí un científico supone que el Sol es una nube de helio en estado incandescente, y si eso fuera así entonces los planetas del sistema solar se saldrían de sus órbitas, no hubieran gravitado jamás alrededor del mismo. El solo hecho de que las esferas celestes gravitan en torno de ese centro luminoso nos está indicando con toda claridad de que se trata de un sol físico.

Aquel científico que afirma que el Sol es una nube de helio y que no pesa nada, basado en equivocados cálculos, indudablemente es un ignorante ilustrado.

Yo pregunto: ¿Por qué gravitan los planetas alrededor del Sol, sobre qué base, sobre cual centro nuclear o gravitacional puede basarse el sistema planetario? El hecho mismo de que los mundos graviten alrededor de ese astro nos está indicando que tal mundo, tal estrella llamada Sol, pesa mucho más que todos los planetas del sistema solar. Sólo así podemos explicarnos que los mundos graviten alrededor del Sol, aunque eso no lo entienden los hombres de ciencia.

Nosotros los ocultistas tenernos instrumentos maravillosos para la investigación de la vida en los mundos superiores. El cuerpo astral, el “eidolón”, nos permite viajar de un planeta a otro. Yo con ese vehículo llamado eidolón, cuerpo astral o sideral, me he transportado muchas veces al astro rey, por lo tanto lo conozco muy bien, sé realmente en qué forma funciona, de qué está hecho, cómo es su superficie y qué hay en el Sol.

Puedo decirles que el Sol es un mundo gigantesco, enorme, muchos millones de veces más grande que la Tierra o Júpiter. Tiene rica vida mineral, vegetal, animal y humana, elevadísimas cordilleras, polos norte y sur cubiertos de hielo, enormes y profundos mares, selvas extraordinarias, etc., etc., etc.

Aunque parezca increíble, hay lugares en el Sol donde uno podría morirse de frío, montañas inmensas cubiertas de nieve con climas sumamente fríos. También existen climas templados muy agradables y climas cálidos. Las costas, por ejemplo, son muy calientes pues están al pie de los mares, eso es obvio.

Así pues, en el Sol existen todos los climas. Los habitantes del Sol jamás viven en ciudades, consideran absurdo el hecho de formar ciudades y estamos de acuerdo con ellos porque la vida de las ciudades es realmente dañina y perjudicial en alto grado.



En las ciudades los seres humanos vivimos encaramados unos sobre otros en edificios de varios pisos, pegados casa contra casa, entre el humo de las fábricas y de los automóviles, rozándonos mutuamente, dañándonos en forma voluntaria o involuntaria, etc. Por tal motivo los habitantes del Sol jamás cometerían el desatino de vivir en ciudades, a ellos no les gustan las ciudades y aunque viven normalmente en el campo tienen pequeñas villas donde hacen investigaciones de tipo científico.

Alguna vez, en mi vehículo sideral o cuerpo astral, estuve platicando allí con un grupo de sabios solares. Ellos me atendieron muy armoniosamente. Lo interesante del caso fue que, a pesar de que yo estaba en mi cuerpo astral o sideral, ellos me pudieron ver y oír. No hay duda de que estaban allí en esos momentos en cuerpos de carne y hueso, y me veían como si yo también hubiera estado en cuerpo físico, lo que nos indica que poseen facultades extraordinarias de clarividencia, de clariaudiencia, etc.

Platicamos, sí, sentados ante una hermosa mesa y después se excusaron porque era el momento preciso adecuado para pasar al observatorio. Los vi allí mirando a través de unos lentes y hacer enormes y complicados cálculos matemáticos.

Por esos días estaban muy preocupados con un muy lejano sistema de mundos, situado a muchos millones de años luz, demasiado alejado del mundo solar donde ellos viven.

Estaban interesadísimos en investigar a fondo tal juego de mundos, porque por esos días proyectaban hacer una expedición a esos mundos tan lejanos. Es claro que los habitantes del Sol poseen naves cósmicas maravillosas que pueden viajar a través del espacio, pero ellos estaban trazando debidamente la ruta y haciendo los cálculos para poder llegar con precisión al mencionado sistema de mundos, el que estaban por esos días interesadísimos en reconocer exactamente.

Yo quedé francamente asombrado. Esos telescopios que poseen son extraordinarios. Hablando esotéricamente, a tales telescopios los podemos llamar “tescohanos”; un término bastante exótico, ¿verdad? Tescohanos.

Es muy novedoso para ustedes saber, por ejemplo, que hay habitantes en el Sol, ¿verdad? Pues sepan también que ellos con sus telescopios pueden ver el planeta Tierra y cualquier otro planeta del sistema solar. Pueden con sus lentes no solamente ver nuestro mundo, sino también sus ciudades y las casas que tenemos en la Tierra. Pueden ver a la gente que vive en cada casa que ellos quieran investigar, y no solamente verlas desde el punto de vista meramente físico, sino desde el aspecto esotérico u oculto. Pueden ver perfectamente el aura de las personas, el estado psicológico en que se encuentra cualquier persona, etc.

Ellos, pues, no ignoran el desastroso estado en que se encuentra nuestro planeta Tierra y lamentan el estado en el que nos encontramos; desean lo mejor para nuestro mundo..., desgraciadamente hemos de reconocer que la Tierra está completamente fracasada. En modo alguno ellos desean o quieren tener relacio¬nes con gente que posee el ego, el yo, el mí mismo, el sí mismo, la legión.

Los habitantes solares sólo entran en contacto con personas bien muertas. Cuando hablo así, “de personas bien muertas”, quiero que me sepan entender, no estoy hablando de muerte física, me refiero en forma enfática a la muerte del ego.

Cuando digo “bien muertas” estoy dando a entender que ellos solamente desean entrar en contacto con personas que ya hayan desintegrado el ego, que ya hayan muerto en sí mismas, en el yo, en el mí mismo; en otros términos, que no posean ego, es decir, que no tengan yo, que estén libres del yo.

Y tienen razón, en eso estoy completamente de acuerdo con ellos, porque aquellos que poseen ego, que tienen todavía el yo, pues emiten un tipo de vibraciones siniestras, fatales, diabólicas, perversas. Gente así introduce el desorden dondequiera que va. Esa gente, que tiene tal condición egoica y diabólica, no podría vivir jamás en armonía con el infinito. Por ese motivo es que ellos no quieren tener relaciones, dijéramos, personales con individuos o gente que no hayan muerto en sí mismos, que no hayan disuelto el ego, el yo.

Me vienen a la memoria algunos paisajes hermosísimos del Sol..., hay allí un mar tan profundo, tan gigantesco, de aguas tan claras y tan bellas que he quedado asombrado. Muchas veces en mi cuerpo astral he llegado a cierta bahía en una pequeña embarcación, donde he reposado horas enteras; es claro que en astral también puede uno navegar en algunas embarcaciones, naturalmente hechas de materia astral y puede uno también meterse en cualquier embarcación, dijéramos, física...

Cualquiera que sepa viajar en cuerpo astral puede hacer lo mismo, eso es claro; lo que hay que hacer es volverse uno consciente, los dormidos no podrían hacer estas cosas. A mí me ha parecido preciosa esa bahía. Aquel mar es millones de veces más grande que todo el planeta Tierra; podría asegurarles a ustedes que si depositáramos todos los siete mares de la Tierra entre aquel mar, sería tanto como echar en ese gran océano un vaso de agua. Piensen ustedes lo que significa el tamaño de ese gran océano, cualquiera de nuestros océanos, de los que poseemos aquí en nuestro planeta, es un charquito comparado con ese inmenso mar al que me estoy refiriendo en el Sol. De cuando en cuando veía yo surgir ciertos monstruos marinos a la superficie, contemplaban el horizonte y volvían y se sumergían entre las profundidades incalculables del mar solar. Todo esto es inconcebible para los terrícolas.

La gente de esta época piensa que el Sol es una bola de fuego y no hay quien le pueda quitar esa idea de la cabeza.

Mirado el Sol desde el punto de vista astral, es extraordinario. Por ejemplo, existe un camino secreto que conduce al templo corazón del Sol; claro, no se trata de un camino físico y eso quiero que todos ustedes lo entiendan. Me refiero a un camino secreto, astral, esotérico, que conduce, como ya dije, al templo corazón del Sol. Es un camino que no pertenece a la materia densa. Cuando uno se acerca a ver aquello en la superficie, lo único que percibe es una gran profundidad, un abismo tenebroso; pero allá en lo hondo, en lo ignoto, se ven algunas llamaradas.

En mi vehículo astral he podido descender por ese gran precipicio, llegar hasta aquellas llamaradas. Allí un Gran Ser lo bendice a uno; es el portero o guardián del templo, éste nos bendice con un ramo de olivos. Luego, por un camino secreto se dirige uno hasta el templo corazón del Sol.

En el templo corazón encuentra uno a los siete Choanes, siete Grandes Seres que trabajan en el sistema solar. Allí siente uno el flujo y reflujo de la Gran Vida, la sístole y la diástole de todo el sistema en que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro Ser. Puede decirse que allí está el corazón del Sol, el corazón del sistema solar; es que el sistema solar, visto desde lejos, parece un hombre caminando a través del inalterable espacio infinito. Y tiene órganos funcionales. Por ejemplo, Marte es el hígado del sistema solar y el Sol propiamente dicho es el corazón, pero a ese corazón hay que buscarlo en el núcleo mismo de esa masa central.

Por cierto que el rayo más poderoso del Sol vibra en la aurora y pertenece al Kundalini. Debido a eso resulta interesante y es hasta muy aconsejable practicar el sahaja maithuna en la aurora, en el amanecer del día.

Existen también allí en el Sol distintos elementales de la naturaleza, como los hay en todo planeta. Allí fluye y refluye la vida con incesante belleza.

Los científicos suponen que el Sol es una bola de fuego o un nube de helio, o lo que sea. La gente común y corriente piensa en el Sol como en una gran hoguera, que cuanto más cerca esté uno, más expuesto está a quemarse; no hay tal. Suben ustedes a una montaña de 5,000 metros de altura y verán que se mueren de frío, y si ustedes se elevaran en un globo aerostático a la estratosfera, pues allí morirían de frío. En los espacios interplanetarios la temperatura llega a 120 grados centígrados bajo cero.

Entonces no hay tal, de que el Sol sea una bola de fuego. Es un mundo sumamente rico en minas de uranio, radio, cobalto, etc., y como es tan inmenso, pues es claro que la radiación de sus minas también es muy fuerte, muy poderosa. La suma total de las radiaciones de las minas produce irradiaciones tremendas. Todas las radiaciones de las minas, toda la energía atómica que tienen atraviesa el espacio interplanetario y al llegar a la atmósfera terrestre, la misma atmósfera descompone a tales radiaciones en luz, calor, color y sonido.

Es precisamente la camada superior de la atmósfera terrestre la que se encarga de analizar y descomponer los rayos solares en luz, calor, color y sonido; pero en el espacio interplanetario hay intenso frío, como ya dije, y llega hasta 120 grados centígrados bajo cero.

Así pues, no es que el Sol sea una bola de fuego, como cree la gente común y corriente y como suponen algunos científicos, sino que es rico en minas y sus irradiaciones son las que al descomponerse en la atmósfera de la Tierra se convierten o devienen como luz, calor, color y sonido. Las radiaciones del Sol no solamente llegan al planeta Tierra, sino que lo hacen a todos los mundos del sistema solar y en cada planeta sucede lo mismo.

Hecha esta explicación, conviene quitarnos de una vez por todas esas ideas falsas de la mente y saber que el Sol no es una bola de fuego. Muchos astrónomos se distraen estudiando la aureola del Sol, la corola del Sol; ellos piensan que esa corola debe ser una masa física, material, una masa densa y no hay tal. La corola del Sol es una especie de aurora boreal formada por la misma electricidad y magnetismo de aquel astro, eso es todo.

Los habitantes del Sol son personas de una estatura o un cuerpo más o menos como el de los hombres o seres humanos de la Tierra. La gente del Sol en tamaño es como la gente de la Tierra, empero sus cuerpos son armoniosos, perfectos, bellísimos; hombres y mujeres viven en un estado de armonía insuperable.

Pregunta: -Maestro, si en la Tierra no hubiera atmósfera, ¿sería nuestro planeta un mundo oscuro?

Respuesta: -Si no hubiera atmósfera de ninguna especie en la Tierra, pues este podría ser un mundo oscuro. En este caso se me objetaría que en la Luna no hay atmósfera y que sin embargo hay tiempos en que hay luz y también en que hay oscuridad, o que tiene, dijéramos, una mitad de luz y una mitad de oscuridad; es decir que al mes lunar lo dividen en época de luz y época de oscuridad, de acuerdo con los periodos cósmicos que ya se conocen a fondo y que los astronautas han utilizado para sus expediciones. De todos modos ya ha sido aceptado oficialmente que en la Luna hay atmósfera y que, aunque enrarecida, incipiente, puede perfectamente descomponer los rayos solares en luz, calor, color y sonido.

En caso de que no hubiera atmósfera en nuestro planeta Tierra, pues esa descomposición no existiría, habrían tinieblas; pero como quiera que la masa densa opondría una resistencia a las radiaciones solares, con esa resistencia se produciría entonces el calor y hasta sería posible que esa masa densa, al oponerse a la radiación, resplandeciese, transformara la radiación no solamente en calor sino también en luz; entonces de todas maneras habría luz, pero con un calor insoportable

Samael Aun Weor
Ejercicios de Lamaseria
Capitulo III

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